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El cielo como matriz

Los siete planetas

Mesopotamia, Grecia y EuropaDesde la Antigüedad hasta el siglo XVIII

Todo el sistema de correspondencias descansa en un hecho observacional simple: a ojo desnudo, siete cuerpos celestes se desplazan sobre el fondo fijo de las estrellas.

La tabla base del sistema

AstroMetalDíaAtribución tradicional
SolOroDomingoAutoridad, vitalidad, lo manifiesto
LunaPlataLunesCiclos, sueño, lo cambiante
MarteHierroMartesConflicto, corte, hierro y sangre
MercurioAzogueMiércolesComercio, escritura, tránsito
JúpiterEstañoJuevesExpansión, ley, fortuna
VenusCobreViernesVínculo, deseo, ornamento
SaturnoPlomoSábadoLímite, tiempo, peso

Por qué siete

No hay nada místico en el número. Sin instrumentos ópticos, cualquier observador constante distingue en el cielo dos categorías: la inmensa mayoría de puntos luminosos que mantienen sus posiciones relativas invariables noche tras noche, y siete que se desplazan entre ellos siguiendo trayectorias propias. Esos siete son el Sol, la Luna y los cinco planetas visibles. La palabra griega que los designa significa precisamente errantes. El sistema entero se construye sobre esa observación.

De la observación a la clasificación

Una vez fijadas siete categorías celestes, el pensamiento analógico las usa como casilleros para ordenar todo lo demás. Si hay siete astros, es razonable buscar siete metales, siete días, siete regiones del cuerpo, siete tipos de hierba. La correspondencia no se descubre: se construye por presión del número. Y donde las cosas no salen a siete, se ajustan hasta que salen.

Los criterios de asignación

Las atribuciones no son arbitrarias, y esto suele pasarse por alto. El Sol se asocia al oro por color y por resistencia a la corrosión; la Luna a la plata por color y brillo; Marte al hierro porque de él se hacen las armas y porque el planeta se ve rojizo; Saturno al plomo por ser el más pesado y opaco, y por ser el planeta más lento. Es razonamiento por semejanza física, aplicado con bastante coherencia interna.

Cómo se rompió

El sistema resistió mientras el número aguantó. En 1781 William Herschel descubre Urano, y ya no hay siete errantes. Después llegan Neptuno, la revisión del estatus de Plutón y el conocimiento de que la Tierra es uno más de los planetas y de que la Luna no es un planeta en absoluto. El casillero de siete deja de tener base observacional, y la astrología moderna se ve obligada a reformarlo o a ignorar el problema.

Su rastro en el idioma

El sistema sigue estructurando la semana en buena parte de las lenguas del mundo, y ese es el fósil vivo más grande que ha dejado. Lo tratamos en la ficha siguiente.

Fuentes

Historia del conocimiento. Explica cómo se construyeron estas clasificaciones y por qué convencieron durante siglos; ninguna de ellas describe correctamente el mundo físico ni sirve como guía médica.

Debate sobre Los siete planetas

Variantes entre tratados, dataciones y atribuciones discutidas: el foro es el sitio.

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